Parece mentira pero, uno se aleja de su familia, de sus amigos, de su casa y llega a un mundo donde pareciera no encajar. Las calles son tan distintas (si, ya se que las de La Plata tienen números) que uno al caminar por ellas no se siente seguro. Se siente más frío en ellas y no es por el clima, es por la gente. Uno pasa caminando entre medio de miles de personas por día, pero ninguna de ellas va a ofrecerte un saludo. Podrás estar en el Estadio Único disfrutando de la exquisita pegada de Juán Sebastián Verón entre la multitud, pero igualmente, en el fondo, estás solo. Volvés a tu casa y el camino se hace eterno, pero no son más largas las cuadras y tampoco es algo que tenga que ver con la distancia sino que, quizás no disfrutás tanto el lugar y por eso se te torna interminable. Llegás a tu casa, agradecido de que estás sano y salvo y de que en los bolsillos tenés todas las monedas con las que saliste. Entrás, te tomás un té y te acostás. Intentás dormir. A la mañana siguiente vas a la Facultad. Cursas con mucha gente, pero estás solo. Solo entre 300 personas. Los perros que entran y salen del aula son los que más te entienden. La gente perdió esa intuición con la que antes se manejaba. Ahora la mayoría se comunica solamente mediante las palabras y eso genera un vacio entre nosotros que algunos pocos logramos notar. Estás en el supermercado y la chica que está en la caja está tan sola como vos. El taxista puede llevar a cientos de personas por día para todos lados, y eso no le garantiza compañía. Este es uno de los mayores de los problemas de nuestra sociedad hoy en día. La sociedad se ha individualizado, y "bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla... cada cual por su lado". Viajamos en colectivos, subtes. Asistimos a teatros, museos, cines. Comemos en restaurantes, cafeterías. Caminamos por plazas, parques. El ser humano se mueve entre la sociedad pero esto es solamente algo físico, porque, dentro de si, está solo, salvo, donde está la gente que quiere.
Y ese es mi punto. No se equivoquen, La Plata es una ciudad hermosa, tengo miles de conocidos y nuevos amigos con quienes me llevo de manera excelente (tanto en casa, como en la Facultad, como en la calle, como en la despensa, da igual) y muchas personas de un nivel y una calidad humana formidable, y lugares increíbles y hermosos, etc, pero, ¿es eso suficiente?. Me encanta la vida que tengo en esta ciudad pero veces no alcanza.
Todos los días que estuve en Las Flores la pasé genial. Mucha comida, mucho fútbol, mucha playstation, muchas caminatas y charlas interesantes. Ahora estoy acá de nuevo, bajo la lluvia, con la carpeta bajo el brazo, que de algún modo es una muestra de cariño hacia mi gente, de respetarlos, haciendo lo que vine a hacer.
Estos sentimientos son los que afrontamos miles de personas a diario en esta hermosa ciudad. Y por la pérdida de conciencia y comunicación entre nosotros, a veces, no notamos que nuestra soledad no es más que nuestra culpa, por no abrirnos un poco e intentar compartir nuestro mundo con el resto y, a veces, el resto, quizás no esté a la altura de las circunstancias. Sería bueno que todos cambiemos un poco y miremos al de al lado.
Gustavo Lorusso.




